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La Casa y su Historia

LA CASONA MUNICIPAL

Esta propiedad -que fuera conocida como “Casa Galíndez” o “Casa de las Brujas”- fue vivienda particular de Don Ismael Galíndez., notario y figura destacada en la política de su tiempo, lo que le permitió ocupar lugares preponderantes en la sociedad y en el gobierno de Córdoba. Una calle de barrio San Vicente situada a la altura del 1700 de Agustín Garzón lleva también su nombre.
Por deudas con el Banco de la Provincia, Galíndez transfirió el inmueble como parte de pago a dicha institución en 1901. Esta situación se mantuvo hasta 1942, fecha en que la casa -ya sin sus patios y arboledas- ingresó al patrimonio provincial. Posteriormente se la destinó a sede del Consejo General de Educación, lo que se mantuvo hasta la década del sesenta. Desaparecida esta institución siguió en el ámbito del Ministerio de Educación y Cultura, hasta 1986, cuando es transferida al Gobierno Municipal. El destino de la propiedad restaurada como Centro de Difusión Cultural fue establecido en 1994.
En la actualidad , además de las actividades culturales habituales, es sede del CDI (Centro de Documentación e Información) MERCOSUR, recientemente inaugurado.

La vieja casa

La “casa de los Galíndez” está ubicada en la Avenida General Paz y La Rioja, calles antiguamente denominadas “Calle Ancha de Santo Domingo” y “Victoria de Tucumán”.
La casa fue construida como “vivienda de las afueras” por Ignacio Garzón entre 1885 y 1888, quien además era dueño del palacete donde actualmente funciona el Museo Municipal de Bellas Artes “Dr. Genaro Pérez”, en la Avenida General Paz 33.
Por aquellos tiempos, la calle Progreso, después Colón, era una suerte de límite urbano para el sector social de los pudientes. Pero Don Ismael Galíndez, ilustre vecino de la ciudad y miembro de una de las familias tradicionales de Córdoba, fue su adquirente. Para la sociedad influenciada por la generación del ‘80, poseer una vivienda con diseño arquitectónico moderno era un indispensable motivo de distinción.
Se dice que la parcela era propiedad del Dr. Miguel Juárez Celman, en tiempos en que los dominios de la propiedad en su mayoría no constaban en los registros, y que luego la habría adquirido Galíndez, personalidad ligada al juarismo.
La fecha de edificación se infiere de un plano de instalaciones sanitarias de Juan Kronfus que fue ubicado en los Archivos de la ex Obras Sanitarias de la Nación, ya que el parcelario del Catastro Machado no la registra.
La casa fue construida a escasos metros de uno de los dos brazos en que se dividió el viejo río Primero o Suquía, que posibilitaba así el riego de los extensos patios adornados con plantas autóctonas, o exóticas adquiridas en Europa, y poblados de una frondosa arboleda que daban al edificio la imagen de una gran estancia.
La casa se levanta sobre un terreno rectangular, despegada de las medianeras, con retiro de línea de edificación, dejando un espacio verde sectorial coincidente con el ingreso a través de la reja del frente, respondiendo estos retiros a los tipos arquitectónicos del “cottage inglés”. La edificación se presenta en tres niveles, con un sótano. Posee un ingreso claramente definido por una terraza y una membrana de vidrio tipo mampara como apoyo sutil del balcón superior. La compuesta volumétrica recurre al basamento neoclásico y remata en una cubierta quebrada que agiliza y aliviana las líneas del edificio, traduciéndose en un lenguaje ecléctico propio de la arquitectura doméstica de la época. El uso de la chapa en los remates de cumbrera, aleros y goteras en techos de fuertes pendientes no sólo es testimonio del mencionado tipo de arquitectura, sino también de la tecnología de la época.
Se trata de una expresión pintoresquista, acorde con las modalidades de las clases acomodadas de fines del siglo XIX.
Considerada una de las casas suntuosas de la Córdoba de hace un poco más de 100 años, las crónicas dicen que el chalet recibió en sus bien vestidos salones a destacados y brillantes personajes del momento. El lugar fue uno de los preferidos para las tertulias al aire libre en los tórridos veranos cordobeses y sus salones, lujosamente ornamentados, contaron con la asistencia de señoriales personajes que acudieron a ellos para participar de las peculiares “fiestas de sociedad” que tenían lugar en la casona. La señorial vivienda también fue marco propicio para que alternaran políticos, militares y gobernantes de la época, y en más de una ocasión, se debatieran grandes problemas de la ciudad, y esto durante todo el período de prosperidad económica de Galíndez.
Los últimos ocupantes de la finca fueron Don Carlos Moyano y su esposa Doña Justa Galíndez.

La leyenda

Ismael Galíndez fue asesinado a los 65 años por un español asentado en San Vicente, Victoriano Fernández, -quien fuera de sí le reclamaba la inmediata escritura de un terreno que aquél le vendiera en 1909-, en el escritorio de la casa que ocupaba en calle 9 de Julio 167. A partir de esa muerte, la imaginación popular tejió las más diversas hipótesis y dio fundamento a la leyenda de la “Casa de las Brujas”.
Según comentarios de la época, uno de los hijos de Don Ismael fue muerto en la casa luego de una discusión mantenida con un peón encargado de la caballeriza y de los carruajes. Hubo también quienes aseguraban que otro miembro de la familia se habría ahorcado, colgándose de una de las torres del edificio. Y por muchos años la gente de Córdoba afirmaba -y aún se escuchan ecos de esos rumores- que el fantasma del hijo de Don Ismael moraba en el interior de la señorial residencia.

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